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LA MAFIA Y LA POLÍTICA

LA MAFIA Y LA POLÍTICA

Hemos hecho de la mentira y de la falsedad fundamentos importantes y vigentes del sistema político nacional. Y la verdad es que nadie quiere cambiar este sistema. Muy por el contrario de las proclamas de los parlamentarios y dirigentes políticos, de los anuncios de combate a la narco política y a la mafia, en la realidad no se hace nada absolutamente para cambiar esta situación. Tiemblan los tribunales de conducta de los partidos ante las denuncias e imputaciones de narco tráfico contra sus dirigentes porque tienen que simular acciones y procesos que saben de antemano que no llegarán a ningún puerto. Alegan que la sola denuncia o las imputaciones no son suficientes elementos que ameriten considerar la causa de la suspensión o la expulsión partidaria. Es que  se corre el riesgo de ser diezmado, y por sobre todo perder importantes recursos económicos necesarios para sus éxitos electorales. En síntesis el sistema político establecido en base a la mafia y a la narco política seguirá vigente y el país seguirá sufriendo sus consecuencias. En este momento están hablando de una propuesta de modificación de la Ley de financiamiento político. Otra mentira más. No se va a aprobar y si por ahí se aprueba no se va aplicar. Anuncian que la intención de las modificaciones es ejercer un control del origen de los financiamientos a nivel de las candidaturas partidarias que busca impedir – dicen – candidaturas financiadas por el narcotráfico y el lavado de dinero. Según el titular de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados que deberá dictaminar sobre el mencionado proyecto, se buscará que los fondos de todos los candidatos a ocupar una banca en el Congreso Nacional sean auditados por órganos de control de la República. Plantea además la posibilidad de impugnar las candidaturas y la pérdida de investidura en los casos en que se descubra el uso de fondos mal habidos. La intención puede ser buena pero el control es casi imposible.  En este país no se tiene el control de los bienes de las personas. De alguna manera nadie está obligado a justificar el origen de los bienes que tiene y aunque teóricamente se le obligue no existe un sistema de control. Por eso no se persigue el delito de enriquecimientos ilícitos. Y en la política esto es grave, porque en la práctica es en las internas partidarias donde se compran las candidaturas, de manera directa o indirecta. No triunfan los mejores sino los que disponen de más recursos. Se gastan sumas siderales porque saben que después se podrá recuperar por medio de la corrupción. Es un sistema perverso porque la ilicitud ya está en el mismo origen de los cargos electivos. Es una verdadera plutocracia. Por eso se rechaza el desbloqueo de lista, no porque pueda cambiar las cosas, sino por la posibilidad de que se altere las posiciones adquiridas. Todas las movilizaciones partidarias son promovidas por los operadores políticos, que son verdaderos profesionales de la política que responden al mejor postor. Es una pena. Lastima mucho formular estas consideraciones, pero esa es la verdad aunque duela. Dolorosamente debemos reconocer que la estructura política de nuestro país está dominada por la mafia y en estas condiciones será muy difícil superar los niveles de atraso que nos imponen el clientelismo y la corrupción. ¿Podrá nuestro país cambiar este sistema? Es el gran desafío que nos interpela seriamente a todos los paraguayos. 

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